Caos euclidiano
Grúshenka, pese a su acento porteño ya medio olvidado, parecía nacida en un país construido por luces y recuerdos. Me lo confesó. Llevaba tantos años en España que, sin renunciar a sus orígenes, se había «apatriado» lingüísticamente y mimetizado por voluntad propia con su nuevo entorno y había cambiado de manera natural el che natal por […]
