Grúshenka

Microrrelatos

Buena madera Una mañana de primavera desperté siendo una polilla. Lo primero que sentí no fue vergüenza, sino un pinchazo vitriólico en el orgullo, porque, a pesar de poder volar, jamás volvería a ser hermoso. Y siempre creí ser hermoso, hasta comprender que nadie lo es después de una metamorfosis completa: primero huevo, luego oruga […]

Caos euclidiano

Grúshenka, pese a su acento porteño ya medio olvidado, parecía nacida en un país construido por luces y recuerdos. Me lo confesó. Llevaba tantos años en España que, sin renunciar a sus orígenes, se había «apatriado» lingüísticamente y mimetizado por voluntad propia con su nuevo entorno y había cambiado de manera natural el che natal por […]

Scroll hacia arriba